jueves, 15 de febrero de 2007

La mente, el cosmos y la naturaleza

A veces pasa que uno se encuentra a sí mismo pensando lo impensable. Hay un momento exacto cuando la conciencia se remonta quién sabe a dónde, y la inteligencia se dispersa y dispara hacia cualquier lado. Cuando te das cuenta, no tenés en mente el hilo de pensamientos que te llevó a pensar lo que en ese momento estás pensando, y por la intelectia se te cruzan mil cosas sin saber por qué.
Bajo este efecto mental siempre llego a la misma conclusión: Todo se reduce a los límites mismos de la capacidad que tiene el cerebro humano como nexo con el mundo exterior.
Mi punto de partida e hipótesis es sencilla: La capacidad del hombre por entender al mundo es tan limitada que necesita creer. Hay temas que derrotan la mente de todo hombre a la hora de dar explicaciones.
La muerte es uno de esos temas. La imposibilidad del hombre por saberse y comprenderse mortal. La sensación de fin se proyecta con la necesidad de tener hijos como la misma prolongación de uno mismo a pesar de la muerte. La eterna incertidumbre que la muerte planteó en todas las civilizaciones llevó a crear fantasías sobre lo que viene después de la vida. Tal vez a manera de hacer más leve el dolor que se siente ante no ser.
Esto que es miedo, es también la causa funcional de varias religiones. Creadas e inventadas para dar una explicación a lo que no tiene explicación porque no hay verdad certera que describa qué pasa después de la muerte. No hay ciencia que de veracidad sobre vida eterna, sino más bien, la veracidad de la ciencia está en explicar la vida y no la muerte, por eso la muerte da paso a la creencia de las religiones para amortiguar el dolor.
Otra palabra que deja ver las limitaciones del hombre es la explicación en el tiempo y espacio de lo infinito. Pasa que cuando el hombre al sentarse a pensar las dimensiones del universo, no encuentra cabida en la mente para comprender lo infinito en el espacio y tiempo (tal vez ocurra esto porque el hombre sea de naturaleza finita). Y entonces una vez más, la necesidad de creer fantasías se enfrenta contra el Big Bang y la Teoría Cuántica. La necesidad del Génesis y el Armagedon como hechos certeros que son creencias necesarias para darle calma a la mente.
Es que la mente no siempre comprende que el universo se extiende quién sabe hasta donde, y que nuestro lugar es meramente insignificante dentro de una galaxia, en un espacio donde hay más galaxias. Y saber que aun después y antes de la tierra, el tiempo existió. Antes del Big Bang era todo gases, pero algo había y algo habrá después de la tierra. Aunque creer en lo infinito es la contradicción de la negación de la nada, tal vez porque es aún mas difícil entender la nada como el vacío absoluto del tiempo y espacio, en este caso imaginar la nada es imposible.
Lo anterior fue un divague de pensamientos sueltos, pero es justamente la descripción perfecta de ese momento cuando la mente se encuentra a sí misma pensando lo impensable. Y si ahora no entendiste ni una palabra de lo que escribí, tu inconsciente te lo recordará cuando esto que describí te esté pasando, recién ahí vas a entenderme.
Ser yo no es fácil, pero ser la nada es imposible.